Ruben Etchart, un pescador sanducero que se trasladaba en su chalana a motor por el río Uruguay, algunos cientos de metros aguas arriba del Frigorífico Casa Blanca, se llevó un gran susto cuando una anaconda, serpiente constrictora de la familia de las boas, cayó dentro de su pequeña embarcación.
El hombre iba en una chalana a motor, moviéndose despacio por el río, cuando de pronto vio como un tronco flotando y se preparó para evadirlo. Su sorpresa fue enorme cuando miró hacia el otro extremo de la embarcación y vio a una gran serpiente dentro, donde las olas la habían arrojado.
Con los nervios del momento, Etchart tomó un remo y a golpes la mató. Rápidamente volvió al campamento de pescadores y pronto otros de sus colegas y vecinos de Casa Blanca –ubicada unos kilómetros al norte de Concepción del Uruguay- se reunieron para apreciar la anaconda, de 2,10 metros de largo.
Según publicó El Telégrafo, se trató de una anaconda amarilla o curiyú (Eunectes notaeus), una especie de anaconda, de la familia Boidae, nativa del centro de Sudamérica. Puede encontrarse en Bolivia, Paraguay, oeste de Brasil, nordeste de Argentina. Casi no se la aprecia en Uruguay. En 1995 apareció otra en el río, en la zona de Bella Unión.
Es más pequeña que la más conocida anaconda verde (Eunectes murinus); habitualmente alcanza longitudes de entre 2,5 y 4 metros y un peso que puede superar los 40 kilos, siendo las hembras de mayor tamaño que los machos. Etchart le sacó la piel a la curiyú y mandó colocarla en una madera, para exhibirla en su casa en Paysandú.
Foto: El Telégrafo.